Ciclo · Casa Brandon, CABA · con Lilo
Cortos animados, charla performática y encuentro.
¿Pueden las comunidades queer recuperar el porno?
Esa es la pregunta que arma el ciclo. La propuesta es recuperar el género como ficción contrasexual. Ficción, porque el porno, incluso el de humanos, siempre es una historia armada. Contrasexual, en palabras de Preciado, porque buscamos prácticas que desarmen el sexo y los géneros como nos los impusieron. Proyectamos cortos animados intercalados con intervenciones que dan el marco teórico para pensar lo que vemos. Es un espacio para reflexionar sobre nuestras sexualidades que tiene lugar en Casa Brandon.

El punto de partida
Muchas veces miramos porno de forma instrumental: si nos calienta, sirve; si no, no hay nada más que buscar ahí. Echarle la culpa solo a la industria nos queda corto, porque hay muchos pornos. Incluso en Pornhub, la barra que marca las partes más vistas de cada video muestra cómo miramos: siempre vamos a buscar las mismas escenas.

¿Por qué dibujitos?
Ante todo, porque nos gustan. Pero también:
Con teoría
El ciclo es ver, sentir y pensar. Para darle marco a la propuesta, nos apoyamos en textos de Preciado, Foucault y Butler, entre otrxs.

Cómo es una noche
Y, sobre todo, el ciclo es un espacio de encuentro.
La primera proyección fue para veinte personas, en una casa entre amigxs. Hoy ya superamos los mil espectadores. En un contexto que empuja al individualismo, seguir apostando por la cultura es una forma de resistencia.

Planteamos las bases: por qué porno animado y cómo mirarlo con teoría.
"Kink" quiere decir torcedura, desviación: la palabra ya da por hecho que hay una forma correcta. Recorrimos cómo la psiquiatría patologizó el fetichismo y cómo hoy las redes estetizan lo kinky, y propusimos una igualación: todo gusto es un kink, incluso el del porno mayoritario.
Inteligencias artificiales, cuerpos híbridos y robots eróticos, leídos desde Donna Haraway y Karl Marx.
Dimos vuelta la pregunta: ¿por qué las películas de aventuras no tienen porno? Hablamos de censura, del negocio del cine y de lxs artistas detrás de las animaciones. En la segunda parte sumamos sogas, terror y la pregunta por la frontera entre el arte y el porno.
Un deseo
Queremos un cine animado más nuestro: más argento, más latino, más trolo, más queer, con cuerpos más diversos. Nos encantaría hacer una edición del ciclo con creadorxs de acá. Mientras tanto, la invitación es a no quedarse con lo que viene servido: sean aventurerxs, hagan sus propias búsquedas.